Treinta y Seis
Un beso y una flor,
petalos aterciopelados
un profundo y rojo resplandor
sobre tu piel suave,
un regalo de tu tierna suavidad
una rosa que recorre tu curva insolente,
caricias que te provoca un simple pétalo
dejando un resto de agua rosada
que se escurre por tu infinita sensualidad.
Labios que te recorren y te besan
un regalo de mi boca era el placer,
tierno y calido al pasar
suave e intenso al dejarse caer
un empalagoso y sublime olor de rosas.
Treinta y seis rosas,
dejadas a tus hermosos pies
y que al fundirse en la belleza humana
resurgia un amor sin vergüenzas.
Eso era, treinta y seis sensualidades y un amor.

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